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ORTOMOLECULAR NEWS

ORTOMOLECULAR NEWS LETTER
VOLUMEN I / I EPOCA

Director: Lic. Nut. Miguel Leopoldo Alvarado
Noticias y Artículos de Dietética y Nutriología Ortomolecular y Antienvejecimiento para Profesionales de la Salud

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sábado, 12 de abril de 2008

LA IRREBATIBLE UTILIDAD TERAPÉUTICA DE LA VITAMINA C

LA IRREBATIBLE UTILIDAD TERAPÉUTICA DE LA VITAMINA C

 

Nuestro cuerpo se protege de los ataques -internos y externos- mediante mecanismos naturales de los que el más importante es el sistema inmunitario. Pues bien, cuando hace medio siglo las vitaminas fueron aisladas por primera vez se observó que la carencia de algunas provocaba su deterioro -por ejemplo, disminuyendo el número de leucocitos en sangre- y, por ende, reduciendo la capacidad de resistencia a las infecciones.


En su obra Cáncer y Vitamina C los doctores Ewan Cameron y Linus Pauling explicaron ya en 1989 que al sistema inmunitario le es difícil distinguir al "amigo" del "enemigo" pues primero tiene que identificar lo "extraño" -los vectores invasores de la enfermedad como bacterias o células malignas- de lo "propio" -las células normales-. Y esa identificación depende de la valoración de las diferencias en la estructura molecular. En el caso de los vectores virales y bacterianos las diferencias son notables y es relativamente fácil reconocerlos pero en el de las células cancerosas las diferencias son pequeñas y los mecanismos inmunitarios deben ser muy precisos para ser eficaces.


Pues bien, la vitamina C es esencial para el buen funcionamiento del sistema inmunitario ya que interviene en la síntesis, producción y funcionamiento de algunas proteínas importantes que actúan como anticuerpos (de hecho nuestro organismo es capaz de fabricar hasta un millón de moléculas distintas para que actúen como anticuerpos). Y es sabido que para obtener una buena respuesta inmunológica es necesario activar las células que fabrican los anticuerpos específicos correspondientes estimulándolas a dividirse y formar un clon con numerosas células idénticas. Nuevas células que liberan los anticuerpos específicos en la sangre donde pueden combinarse con las moléculas o células antigénicas y señalarlas para su destrucción. Siendo importante la constatación de que si se aumenta el consumo de vitamina C el cuerpo produce más anticuerpos.


Prinz y sus colegas, por ejemplo, administraron un gramo diario de vitamina C a veinticinco estudiantes universitarios masculinos sanos y un placebo a otros veinte. Y a los 75 días observaron que los primeros presentaban un incremento significativo en el suero de los niveles de inmunoglobulinas IgA, IgG e IgM (Prinz, 1977-1980).


Es necesario saber que las células bacterianas y las células malignas identificadas como extrañas por los anticuerpos que se adhieren a ellas tienen que ser preparadas para su destrucción mediante la combinación con otras proteínas que son los llamados componentes de complemento. Bueno, pues todo indica que la vitamina C actúa en la síntesis del componente de complemento Cl-esterasa y que la cantidad de tan importante sustancia aumenta al incrementar la ingesta de vitamina C. Y es que sin ese componente la cascada de complemento entera es inoperante y no pueden destruirse las células extrañas o malignas.


Otros investigadores han comprobado además que un incremento de la ingesta de vitamina C -tanto en el caso de personas sanas como enfermas- logra una mayor motilidad de los leucocitos e incrementa la rapidez con la que se dirigen al lugar de la infección (Anderson, 1981-1982). Es más, todo indica que cuando los leucocitos ya están atacando ingerir vitamina C aumenta su capacidad de fagocitosis.


Las funciones que acabamos de señalar están relacionadas básicamente con la función inmune pero la actividad de la vitamina C es mucho más amplia.

 

Así,
-Es indispensable en la elaboración y mantenimiento del colágeno y, por tanto, fundamental para la fabricación del tejido conectivo.
-Mejora la cicatrización de heridas, quemaduras y encías sangrantes.
-Es antioxidante. Es decir, protege de los radicales libres.
-Participa en la protección de los ácidos grasos poliinsaturados de la membrana celular.
-Disminuye la posibilidad de formación de trombos (coágulos) en los vasos sanguíneos.
-Ayuda a combatir las enfermedades víricas y bacterianas.
-Tiene un papel relevante en el metabolismo del calcio.
-Protege de la oxidación a la vitamina B2, el ácido fólico, el ácido pantoténico y las vitaminas A y E.
-Interviene en los procesos de detoxificación de algunas sustancias venenosas como el cadmio, el mercurio, el plomo y el DDT.
-Es indispensable para mantener en buen estado la piel, los huesos y los ligamentos.
-Fortalece la pared de los vasos sanguíneos evitando su deformación o rotura.
-Favorece la hemostasia, mejora el crecimiento del hueso y estimula la consolidación en caso de fracturas así como la formación de la dentina.
-Parece ser indispensable para el funcionamiento de componentes fundamentales a nivel celular como ribosomas y mitocondrias.
-Es indispensable para la oxidación de la fenilalanina y la tirosina.
-Regula la liberación de histamina y prostaglandinas E y F.
-Es antiinfecciosa.
-Interviene en la degradación del colesterol actuando como cofactor.
-Interviene en la síntesis de adrenalina.
-Favorece la absorción y el almacenamiento del hierro.
-Inhibe la formación de nitrosaminas carcinogénicas formadas por la reacción entre los nitritos existentes en las carnes conservadas y las aminas dietéticas.


Existen además diversos trabajos de investigación y estudios que aumentan más si caben los beneficios de esta vitamina como el publicado en 1995 en el British Medical Journal donde se pone de manifiesto la estrecha relación entre su consumo y los niveles de fibrinógeno en sangre. Al parecer dosis elevadas de vitamina C reducen la cantidad de fibrinógeno en el plasma por lo que el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares disminuye.


Estudios en animales de experimentación realizados por el ya mencionado doctor Pauling muestran que una ingesta importante de vitamina C atrasa el comienzo de tumores mamarios espontáneos en ratones así como una pronunciada disminución o retraso en la aparición de tumores malignos en ratones que fueron expuestos a luz ultravioleta. Otros investigadores demostraron su efectividad en la prevención del cáncer de piel y en ratones expuestos a la fibra de vidrio en polvo comprobándose asimismo una inhibición significativa del cáncer de pulmón.


Científicos japoneses han demostrado recientemente también su efecto anticancerígeno -en forma de ascorbato- en casos de tumores humanos de ovario, estómago, páncreas, útero y pulmón.


Cabe añadir que la vitamina C ha sido utilizada de forma intravenosa con éxito en casos de cáncer. De hecho en estos momentos se están efectuando ensayos clínicos Fase I en la MC Gill University de Montreal (Canadá) para evaluar su seguridad, si hay efectos secundarios, cuál sería la mejor dosificación y conocer los mecanismos de acción así como su eficacia. En cualquier caso conviene saber que una primera aproximación de la Fase I fue publicada por el Dr. Hugo Riordan en diciembre de 2005. El ensayo se hizo con 24 pacientes con cáncer terminal a los que se suministró altas dosis de vitamina C intravenosa durante más de 8 semanas para ver la seguridad y los posibles efectos secundarios y se constató que los efectos adversos fueron mínimos salvo en el caso de un paciente con historial previo de piedras de riñón que desarrolló una piedra 13 días después del tratamiento. Lo que parece demostrar que inyectar altas dosis de vitamina C es seguro salvo si hay predisposición a tener piedras en el riñón.


Lo singular del uso de la vitamina C por vía intravenosa se asienta en la base teórica de la utilización del peróxido de hidrógeno como terapia contra el cáncer, fruto del trabajo de Otto Warburg, premio Nobel de Medicina en 1931 por describir los mecanismos de la respiración celular. El peróxido de hidrógeno es un residuo del metabolismo celular de muchos organismos vivos pero dada su toxicidad debe transformarse rápidamente en compuestos menos peligrosos. Pues bien, Warburg observó que las células cancerosas tienen unas necesidades de oxígeno mucho más bajas deduciendo que crecen mejor en medios carentes de oxígeno y, por tanto, todo agente capaz de llevar oxígeno a las células cancerosas las conducirá a la muerte.


¿Y qué relación tiene el peróxido de hidrógeno con la vitamina C?, se preguntará el lector. Es sencillo: la vitamina C induce la producción de catalasa, una enzima que participa en la detoxificación del peróxido de hidrógeno a través de una reacción que da lugar a agua y a una molécula de oxígeno. Luego ingerir vitamina C induce la producción de abundante catalasa y ello la liberación del oxígeno que provocará la muerte de las células cancerígenas.

LOS EFECTOS ADVERSOS DE LA VITAMINA C


Bien, pues a pesar de todo lo dicho artículos recientes publicados en revistas científicas ponen en entredicho la eficacia de la vitamina C y encima han provocado resquemor en la opinión pública al afirmar que una ingesta excesiva puede ser perjudicial. Uno de esos estudios apuntaba que la ingesta de 1.000 mg diarios de vitamina C aumenta la excreción de ácido úrico en casi un 50% y de oxalato en un 25% en comparación con la excreción que se produce tras una ingesta de 400 mg diarios. Y otras investigaciones han sugerido que tomar demasiada vitamina C podría estar contraindicado en casos de insuficiencia renal crónica así como entre quienes se medican con anticoagulantes.


En otro estudio -publicado en abril de 1998 en Journal Nature- un equipo dirigido por Ian Podmore coligió que tomar demasiada vitamina C en suplementos provoca daños genéticos en los humanos y, por consiguiente, podría causar cáncer. El estudio se hizo con 30 voluntarios sanos a los que se administró un placebo durante seis semanas y a continuación un suplemento de 500 mg diarios de vitamina C durante otras seis semanas; finalmente no tomaron ni placebo ni vitamina C durante otras siete semanas. Se tomaron muestras de sangre a intervalos de tres semanas durante los periodos de administración del placebo y de la suplementación con vitamina C y, de nuevo, al final del estudio. Se extrajeron células de la serie blanca (linfocitos) y se analizaron dos indicadores diferentes del daño oxidativo en el DNA: 8-oxoadenina y 8-oxoguanina. Durante la fase de placebo no hubo cambios en los niveles. Sin embargo, con el suplemento de vitamina C el nivel de 8-oxoadenina aumentó -indicativo de incremento del daño oxidativo del DNA- mientras el nivel de 8-oxoguanina -indicativo de disminución del daño oxidativo del DNA- disminuyó. Los autores concluyeron que ingerir 500 mg diarios o más de vitamina C oxida el organismo y puede causar daños genéticos mientras dosis inferiores tiene efectos antioxidantes y es positivo.


Los datos del estudio, sin embargo, provocan en realidad más preguntas de las que se responden. Por ejemplo, ¿qué es más importante?, ¿el efecto antioxidante benéfico de la vitamina C al disminuir el nivel de 8-oxoguanina o el adverso efecto oxidante del aumento del nivel de 8-oxoadenina? Por otra parte, ¿qué pasa con los demás efectos positivos que logra la suplementación de vitamina C a otros niveles y que no se valoraron en ese estudio? Además, ¿cuáles son las consecuencias biológicas de la disminución de la 8-oxoguanina y el aumento de la 8-oxoadenina? Porque de las notables diferencias en la actividad de la 8-oxoguanina y la 8-oxoadenina -productos resultantes de las lesiones causadas por los radicales de oxígeno- Podmore no habló. Sí lo hizo, sin embargo, un grupo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachussets (EEUU) demostrando que la 8-oxoguanina tiene un poder mutagénico mucho mayor que la 8-oxoadenina y que con ésta hay al menos diez veces más posibilidades de causar daños genéticos que desencadenen un cáncer que con la 8-oxoadenina.

 

Por consiguiente, el estudio indica que la suplementación de vitamina C es beneficiosa porque las ventajas obtenidas con la disminución de los niveles de la 8-oxoguanina tienen mucha más importancia que los efectos adversos del aumento de los niveles de 8-oxoadenina.


Y por si fuera poco resulta que el estudio de Podmore era defectuoso apreciándose importantes errores. En primer lugar, el plan del estudio fue muy pobre, inaceptable según las normas empleadas por la FDA para evaluar la eficacia y seguridad de una droga. No era ni aleatorio ni a doble-ciego. Los voluntarios y los científicos que dirigieron el estudio sabían qué suplementos se estaban utilizando en cada momento. Y ese hecho puede afectar al comportamiento de los voluntarios y, posiblemente, a la interpretación de los datos por los científicos. Además, a pesar de las demandas de los autores el estudio no fue placebo-controlado pues la administración de un placebo requiere que el voluntario desconozca que lo es y debe existir un grupo de control al que se le administre el placebo y que forme parte del grupo suplementado con vitamina C sin conocerlo. En ese estudio no existía ningún grupo de control que tomara placebo simultáneamente con el grupo suplementado con vitamina C. Sin embargo, cuando se analizan las muestras debe haber una diferencia entre los dos grupos si es que la vitamina C produce algún efecto. Y se requiere también, durante todo el periodo que dura el estudio, un grupo placebo para comparar los resultados con los del grupo suplementado y explicar así cualquier cambio significativo debido a otros factores. Y todo eso no se hizo. Luego, ¿cómo se puede determinar así si un aumento o disminución en los niveles de 8-oxoguanina se deben a la variabilidad del ensayo o refleja los cambios acaecidos en los voluntarios?


En segundo lugar, los autores utilizaron un método llamado Espectometría de masas-cromatografía de gases para medir los niveles de 8-oxoguanina y 8-oxoadenina. Y se sabe que al emplear ese método ex vivo es muy frecuente la contaminación por cuerpos extraños lo cual significaría que el aumento de 8-oxoadenina podría haber tenido lugar durante la preparación de la muestra y en los procedimientos analíticos realizados tras la toma de muestra de los sujetos. Por consiguiente, los autores informaron de unos niveles de 8-oxoguanina mucho más elevados que los que probablemente se obtendrían actualmente por métodos mucho más exactos.


Hoy la mayoría de los expertos en este campo informan de un número de lesiones sobre la cadena del DNA muy inferior al que Podmore y sus colaboradores presentan debido a la exclusión de elementos contaminantes por utilización de otros métodos.


Otra objeción fue la planteada por el Dr. Mark A. Levine, jefe de la Sección de Nutrición Molecular de la Clínica del Instituto Nacional de Diabetes, Aparato Digestivo y Enfermedades Renales. El Dr. Levine, uno de los más reconocidos expertos sobre el metabolismo de la vitamina C, dio cuenta de que el nivel de vitamina C en el plasma de los 30 voluntarios sanos del estudio de Podmore era de 50 micromoles al principio del estudio, es decir, antes de ingerir cualquier suplementación de vitamina C. Y ese nivel en el plasma se ha mostrado equivalente al nivel máximo de esa vitamina presente en los linfocitos (publicado en los Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias de 1996). Por tanto, una suplementación de 500 mg diarios de vitamina C no podría aumentar más allá el nivel de esa vitamina en los linfocitos. ¿Cómo entonces podría la vitamina C influir sobre la oxidación del DNA en estas células si su nivel no se alteró? Desgraciadamente los autores del estudio de Podmore no midieron la vitamina C de los linfocitos en los voluntarios.


En suma, el estudio de Podmore y su conclusión de que la ingesta de vitamina C en cantidades superiores a 500 mg diarios es perjudicial se basa en supuestos no probados, un diseño de estudio inaceptable y una metodología muy inexacta. Los datos que presentaron no avanzan ni explican la capacidad oxidativa ni antioxidativa de la vitamina C y la advertencia de sus autores sobre los suplementos con esta vitamina son pues injustificados.


Lo que sí está constatado, en cambio, es que hay centenares de estudios científicos que avalan que la vitamina C, más allá de prevenir el escorbuto, ayuda a reducir el riesgo de cáncer y tiene beneficios importantes para la salud. Su valor como antioxidante está demostrado por cientos de estudios bioquímicos, celulares, epidemiológicos, fisiológicos y nutricionales.


Termino recordando lo que el National Cancer Institute de Estados Unidos, en una conferencia histórica celebrada en septiembre de 1990 a la que asistieron multitud de científicos de todo el mundo, resumió de la siguiente manera: "Siguen acumulándose evidencias de que la vitamina C posee numerosos efectos biológicos, incluyendo algunos que pueden estar relacionados con la prevención del cáncer. Los datos presentados han conseguido reconsiderar la importancia de esta sustancia en acontecimientos fisiológicos y clínicos". De ahí que en febrero de 1992 Gladys Block -de la Universidad de California en Berkley (EEUU)- pidiera a otros científicos que enviaran a la FDA peticiones para que ésta declarase oficialmente que la vitamina C y otros antioxidantes protegen del cáncer y las cardiopatías. ¿Por qué no lo aceptó la FDA? La industria del fármaco conoce muy bien la respuesta.

José Ramón Llorente

 

La Medicina Ortomolecular se basa en el convencimiento de que si al organismo se le proporcionan los micronutrientes necesarios para su correcto funcionamiento muchas de las llamadas enfermedades no se manifestarían. Por tanto, es preciso asegurarse de que contamos con ellos en la proporción y cantidad adecuadas. Una sección elaborada por el Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.

Las personas interesadas en contactar con José Ramón Llorente o la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular pueden hacerlo en: Avda. Barón de Cárcer, 26, 5º, 67º 46001 Valencia. Tel: 96 392 54 55.
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