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VOLUMEN I / I EPOCA

Director: Lic. Nut. Miguel Leopoldo Alvarado
Noticias y Artículos de Dietética y Nutriología Ortomolecular y Antienvejecimiento para Profesionales de la Salud

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sábado, 18 de agosto de 2007

Estudio en ratas sugiere que la progenie sigue las huellas de la madre

Estudio en ratas sugiere que la progenie sigue las huellas de la madre
Gusto por chatarra se pasa a los hijos

Los descendientes de roedores que siguieron una dieta rica en grasas, azúcares y sal comieron más, prefirieron más los alimentos poco saludables y engordaron más, proceso que empeoró al crecer.
 


16-Agosto-07


Los niños cuyas madres consumen comida chatarra durante el embarazo y la lactancia son más propensos a comer en exceso, a elegir una dieta poco saludable y a convertirse en obesos más adelante en sus vidas, reveló una investigación con ratas publicada el miércoles.

El estudio contradice una conocida idea según las cuales las mujeres embarazadas tienen "permiso" para rebasar la raya en la mesa porque están "comiendo por dos".

Los autores recalcaron que el efecto observado en ratas no forzosamente se encontrará en personas, aunque la investigación sí avala un estudio hecho en Estados Unidos entre 190 mil familias.

Aquel reporte, publicado en 2005, decía que las mujeres que durante el embarazo ganaban más que los 11.5-16 kilos recomendados por el Instituto Estadunidense de Medicina tenían más probabilidad de que sus hijos fueran obesos entre los dos y cuatro años.

La nueva investigación es una de las primeras que procura observar qué tipos de conductas generarían hábitos alimenticios poco saludables, indicaron los investigadores.

"Esto demuestra que hay una programación fetal de la alimentación en exceso", dijo Neil Stickland, investigador del Real Colegio de Veterinaria en Londres, quien trabajó en el estudio.

"Los fetos están acostumbrándose a esta comida chatarra durante la gestación", dijo el experto en una entrevista telefónica, y agregó: "No sólo se trata de genética".

Es posible mostrar una relación directa entre lo que comen las mamás y cómo eso afecta a los niños, señaló el especialista.

En el estudio, publicado en la revista British Journal of Nutrition, los investigadores tomaron dos grupos de ratas preñadas y le dieron a uno una dieta nutritiva y balanceada, y al otro una dieta basada en comida chatarra: donas, muffins, bísquetes, frituras y pasteles.

Stickland dijo que para sorpresa de los estudiosos, no hubo ningún efecto sobre el peso de los roedores al nacer. Pero cuando se dio a las pequeñas ratitas la opción de elegir la dieta de su preferencia, las nacidas de ratas que habían comido chatarra preferían también alimentos chatarra, comían en exceso y subían de peso más rápido.

"Comen más y comen una proporción cada vez mayor de comida chatarra. Y la cuestión empeora conforme los roedores crecen", dijo Stickland.

El estudio en ratas tiene consecuencias para los seres humanos porque los mecanismos de control del apetito son similares en muchas especies, explicó Stickland.

"Las mujeres no pueden considerar el embarazo y la lactancia como una oportunidad para excederse en comidas grasas, azucaradas y saladas, bajo el supuesto equivocado de que están 'comiendo por dos'", advirtió el equipo en el reporte que fue patrocinado por el Fondo Wellcome.

Stickland agregó que los programas encaminados a mejorar la dieta de los niños en la escuela primaria, por importantes que sean, tal vez lleguen demasiado tarde.

"Creo que el mensaje es que debemos empezar antes de eso, durante el embarazo".

El estudio no se enfocó en el mecanismo por el que ocurren los cambios observados en la progenie. Stickland especuló que la dieta chatarra de una madre puede afectar el desarrollo de los centros de placer en el cerebro, implicados en la sensación de saciedad y en la respuesta a drogas.

"El feto se está acostumbrando a la dieta alta en grasa, azúcar y sal y parece preparar a los centros de placear en el cerebro de modo que al nacer necesita más", dijo. "Es una adicción, si se prefiere ver así".

"Nuestro estudio ha demostrado que comer grandes cantidades de comida chatarra durante el embarazo y la lactancia podría perjudicar el control normal del apetito y promover un gusto exacerbado por la comida chatarra en la progenie", dijo la autora principal del estudio Stéphanie Bayol.

"Esto podría enviar a los descendientes en la vía a la obesidad, y hacer todavía más difícil la tarea de enseñar a los niños hábitos alimenticios saludables".

El control del apetito es un proceso complicado que involucra a hormonas que envían al cerebro señales para regular el balance de energía, el hambre y la sensación de llenado (saciedad).

Pero la alimentación no consiste sólo en balancear la energía que consume el cuerpo: también constituye una experiencia placentera que involucra a centros de placer en el cerebro. A veces, la combinación de placer y comida pueden pasar por alto la señal de llenado.

Otros estudios han mostrado que los alimentos chatarra ricos en grasas y azúcares inhiben la señal de llenado, pero también promueven el hambre y estimulan los centros de placer.

Los riesgos

La obesidad es una causa primaria de mucho mal, implicada con riesgos mayores de contraer diabetes, enfermedades cardiacas y cáncer.

Un reporte de la Organización Mundial de la Salud estimó que en 2005 había en la Tierra mil 600 millones de personas con sobrepeso, de las cuales 400 millones eran obesas.

Las cifras indican que la obesidad afecta a personas cada vez más pequeñas. De los 400 millones de obesos, 20 millones son niños menores de cinco años.

   
  Londres • Reuters/The Guardian


AHANAOA A. C.
Lic. Nut. Miguel Leopoldo Alvarado Saldana
Fundador y presidente.

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